Hoy me acordé de mi padre

https://articulosescritosparacompartir.wordpress.com/2019/08/11/hoy-me-acorde-de-mi-padre/

Qué cruel es su ausencia,

inmenso es su vacío,

pero me regocijo de su recuerdo

y de su risa que acaricia mi alma.


Su mirada alocada y ansiosa,

esos movimientos torpes y afanados,

el calor de su abrazo

y su madurez legendaria.


Anhelo sus locuras.

Temo aún a su firmeza;

por eso conservo sus principios,

no quiero que mueran.


Rara combinación de virtudes:

noble, pragmático, constructor de sueños.

Fuerza pura nacida de la sensibilidad

y del honor inamovible.


Amante insensato del placer,

lujurioso pecador.

Dueño absoluto de su identidad,

amo y señor de su pensamiento.


Comprometido con la vida,

esclavo en sus responsabilidades,

excitado explorador

y valiente caballero.


¡Su donaire y osada actitud!

despertando complejos,

retando a la batalla

y logrando admiración.


Hoy me acuerdo de vos, Benito,

sin más motivo que mi gratitud

y el invaluable amor que te prodigo,

como el que vos regaste en abundancia a tu paso por la vida.


Adiós, amado padre

Mi padre se ha ido,

no volverá jamás;

ya no querrá hacerlo

pues está junto a Dios.


Sus ojos cansados

parecían decirme

que ya estaba cumplido su tiempo,

que lo había dado todo por mí.


Su imagen inmensa

siempre estará presente

en cada latido de mi corazón

y en cada pensamiento.


No se hace necesario

estar todo el tiempo con alguien

para amarle y respetarle,

para sentir su adoración.


Siempre lo llevaré conmigo

dentro de mi pecho,

en donde mi alma

pueda acariciarle.


¡Él se fue y mi vida continúa!

Así como las hojas caen de árbol

y este sigue en pie

yo seguiré adelante, siempre amándolo.


Traicionado

Despojado del amor propio

y hundido en la amargura

me encumbro por la senda obscura

del odio.


Ciego de ira,

sin otro amigo que la muerte,

maldigo mi vida

cayendo en el abismo.


Me quema el sol con sus brazos de luz,

me ahoga el aire que respiro,

mi cuerpo se descompone y hiede,

y mi mente insana se burla de mí.


Quiero encontrarme con mi espíritu,

aquel que otrora condujera mi vida

sin cesar su acción

y jubiloso de poseerme.


¡No soy capaz de contener mi llanto!

Esta, mi alma, no tiene sosiego

ni tampoco lo desea,

solo quiere la obscuridad del averno.


Es allí —en lo más bajo del inframundo—

en donde encontraré lo que necesito,

el más cruel sufrimiento

que me haga olvidar lo que hoy siento.


Tampoco soy capaz de volver a empezar.

Si pudiese tenerla de nuevo

repudiaría sus virginales carnes

e intentaría alimentar las llamas con su cruel corazón.


La que ayer fue una imagen dulce y celestial

hoy es para mí un boceto de satanás.

Su risa me hiere mortalmente

y sus lágrimas me queman como el ácido.


No pudo ser más ingenua mi alma

al entregarse a ella,

fascinada por la ensoñación de su ternura

y su aroma de jazmines.


Hoy muero en vida por el amor,

aquel que ella no quiso darme

y que me prometió,

mágico oasis con el que soñé.


Hechicera maldita que destruyó mi vida,

reina del engaño y la traición,

dulce veneno

que ahora corre por mis venas.


Quizás ni siquiera la muerte sea el remedio.

En cada renacer sentiré más rencor

y mi espíritu querrá abandonar cada oportunidad de vida

como un loco buscando al amor.


Perfidia

Más frágil que el cristal

es ahora tu alma,

después de naufragar

en las turbias aguas

de la traición.


La gran fuerza

que sostenía tu reino,

aquel en el que tu dignidad

era soberana e indomable,

hoy ya no está.


Tus principios —fieles súbditos—

que comprometidos

sin mezquindad

representaban tu fe

y tu voluntad,


se aferran aún a tu espíritu,

sin temor a perecer

en la hecatombe moral

que pretende

hacerte ruinas.


En cambio, los falsos consejeros

que orientaron tu camino

hacia la vanidad,

la insensatez

y el miedo,


abandonan de prisa

el moribundo barco

que sumergiéndose

en los profundos abismos

parece no querer regresar.


Ahora solo tienes

una oportunidad,

rey de reyes,

traidor tembloroso,

cobarde señor.


¡Enfrenta con pudor a la verdad!

Acepta tu culpa

y asume tu castigo.

No mientas más

ni ocultes tu rostro.


¡Empieza de nuevo!

Perdónate e intenta construir

un reino puro y limpio.

Acepta en tu vida

nada más que al amor.


Misteriosa muerte

No sé por qué te temen, hermosa muerte,

les asusta tu presencia y tu silencioso andar.

Te imaginan fría, obscura y profunda como el fondo de la mar.

Huyen de ti, no quieren verte.


Cuando apareces con tu sentencia tajante

traes contigo agudos sentimientos de dolor y melancolía.

Eres implacable e injusta, eres inoportuna cada día.

¡Lastimas a todos con tu apariencia!


En ocasiones esperamos ansiosos tu intrépida llegada,

sin embargo, tu arribo no complace a tantos;

pocos te reciben con festejos y con cantos.

¡Pero aunque seas odiada cumples tu objetivo!


Es un consuelo saber de tu cercanía al creador,

nace así una esperanza;

conformes miramos al cielo y cantamos una alabanza,

pero sintiendo un vacío aterrador.


Será impactante cuando llegues por mí;

algún día vendrás —lo imagino y lo sé.

Posiblemente con prisa y sin avisar,

y yo, ciego en mi vanidad, temeré de ti.


Pero aprenderé a esperarte con dignidad,

debo entender que eres parte de mi vida.

Aceptaré que sea removida mi presencia

y que mi espíritu retorne a la eternidad.


¡Oh sí!, celebro porque alguien me recordará,

los que amé y me amaron.

Esas relaciones fuertes, hermosas y satisfactorias

que ya solo serán el pasado.


Te espero pues, divina portadora de la fatalidad.

Estoy preparado para morir —pleno de amor.

Ya no te temo,

no es digna la inmortalidad para un hombre.


Mi tiempo se cumplió

No puedo comprender mi eterna soledad.

Ausente de todo,

exiliado en el silencio

y en la luz del amor.


Me siento invisible

y ajeno a la dicha.

Contemplo mi felicidad

en la de mis seres amados.


No encuentro el rumbo

y nada he dejado atrás.

Sé que todo a mi alrededor es mío,

pero me es esquivo.


¡Es aterrador ser incomprendido!,

se hace triste el camino,

inútil la lucha,

estéril la voluntad.


Atino apenas a esgrimir mis peores armas:

mi necedad,

mi soberbia,

mi deserción.


Y los fértiles campos que he cultivado

vuelven a secarse.

Y mis fuerzas se escapan

dejándome sumido en el miedo.


Cómo habré de conquistar mis sueños

si ni siquiera sé cuáles son,

si ya no entiendo mi existencia

ni me siento parte de nada.


Tal parece que forcé la marcha

y recorrí muy pronto el sendero

agotando mis ilusiones

y desgastando mi ambición.


No es cabal que mis deseos

tengan otra dirección

que no sea la de mi satisfacción,

la de mi propia paz.


¿Acaso este es el precio de mis pecados?

Vivir sin cosechar la realización

y humillarme eternamente

intentando hacerlo bien.


Tal vez pretendo

más de lo que merezco,

o quizás, simplemente

mi tiempo se cumplió.


Quedarán entonces muchas cosas inconclusas

—como siempre en mi andar.

Lo intenté,

pero eso a nadie importa —solo a mí—.


Mi nostalgia

Añejo el vino y el recuerdo

del que fuera

mi hogar sagrado.


La voz recia de mi padre —su abrazo inmenso—,

el regocijo de mi madre

y nosotros a su lado.


Esa sombra infinita

de amor, sabiduría

y seguridad.


Los consejos y regaños,

el dulce sabor

de las caricias…


¡Hoy apenas queda un gran vacío!

Su alcoba solitaria y obscura

no es más que un triste y viejo escenario.


En mi mente,

el retrato de esos hermosos días;

en mi corazón, un amor desbordado.


Satisfacción de haberles tenido,

lamento por su ausencia, resignación.

¡Cauto andar!


Aún llora mi alma el silencio

de mi triste alegoría,

de un tiempo que tanto he amado.


Mi pobre regocijo

¡Qué infinita inquietud!

Imposible encontrar mi paz

en medio de tantas dudas.

Claudica mi fortaleza

en ausencia de la verdad.


El tiempo se acaba

y yo, más solo que nunca,

camino avante entre

mis tibios sueños

imaginando etéreas conquistas.


Lunas lejanas

que solo brillan para mí,

mentirosas sensaciones

que burlan a mi corazón

y enceguecen mi juicio.


Mis labios aún conservan el sabor

de las mieles del amor;

aromas de mujer,

pasiones desenfrenadas

y febriles recuerdos que no quiero olvidar.


Dentro de mi pecho

guardo con afán los afectos,

aquellos duendecillos que

siempre me acompañaron

y me hicieron creer en mí.


Sé que erré el camino…

¿Quién fui, quién soy, qué quiero?

No importa, ya la troica de la muerte

anuncia su llegada

y mi espíritu espera ansioso la transición.


Gorda

Te llaman “gorda”

porque tus huesos

no saltan a la vista

en cada movimiento.


Porque tus mejillas,

rosadas y tersas,

exhiben generosidad

y abundancia.


Porque tus pechos

se muestran fértiles

y tus caderas

extensas.


¿Acaso no reconocen la belleza?

Esa riqueza infinita de tu espíritu

valiente y soñador.

¡La pureza de tu ser que trasciende!