Paternidad

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Espléndidas son las ilusiones

en tiempo de ser padre;

anhelante el alma busca

plasmar su obra cumbre.


Desaparecen frustraciones

y ávidos deseos;

la esperanza derrota

a la mediocre conformidad.


La luz brilla de nuevo

para resplandecer el camino

ahuyentando al dolor,

porque renace el espíritu.


Y ese tierno hálito de vida

lo transforma todo con su presencia

avivando la voluntad,

ofrendando otra oportunidad.


No hay lugar para miedo

ni flaquezas,

es el turno de un nuevo imperio;

quien llega es el soberano.


Rondan cantos alegóricos

y placeres celestiales.

La fortaleza se hace inexpugnable

y los campos parecen más fértiles.


¡Es justo saborear ese gran fruto!

Regocijo infinito

inspirado en dulces sueños

que trascienden.


Y los fantasmas de la consciencia,

que otrora se ocultaban

enmarañados en la mentira,

se retiran vencidos.


Como un milagro

se hace más hermosa la vida.

El universo expone su grandeza

aflorando en él la fantasía divina.


Se vuelcan en gran acontecimiento

los pensamientos más profundos,

el alma recibe la mejor caricia,

y el espíritu trasciende hacia la inmortalidad.
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Noveno mandamiento

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¿Y por qué no desearla?,

si sus ojos son mi prisión…


Niña angelical que embruja mi alma

con sonrisas prohibidas

y gestos tímidos.


Hembra deliciosa

que me da sus aromas fértiles

y la fascinación de su cuerpo.


Y me ofrece su tiempo…

Creo que es mía, toda mía;

ríe y canta dulces gemidos para mí.

¡Nos gustamos, nos amamos!


Luego las lágrimas apagan nuestro sol

y el vacío enluta la felicidad.


Ella se encumbra hacia el calvario

resignada a la distancia.

La espera un amor estéril,

un escenario sombrío.


En su piel mi aroma

y en mis labios su entrega.


Y yo muero en silencio sin su calor

esperando el amanecer.

Mi fragilidad

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Tiemblo…

Por más que quiera evitarlo

tiemblo sin remedio.


¿Serán mis años?

No son tantos,

no como para que sea de esta manera.


Ha de ser el miedo

que invade mi alma

viéndome tan frágil.


O quizá sea mi cuerpo,

ya débil, reclamando

por mis desmanes.


Desmanes de lujuria,

de soberbia

y salvajismo.


De alguna manera he de pagar

por aquellas delicias

que disfruté


y afrontar con honor

la respuesta

a mi erróneo proceder.


Debo aceptar

que la vida

se vuelva contra mí,


si abusé sin límites

de mi poderosa

juventud.


Aún me siento fuerte

y pleno de sabiduría,

sin embargo, tiemblo…


Quizás este sea

mi nuevo lenguaje,

el grito de mi consciencia.


¿Por qué he de arrepentirme?

si mi único pecado

fue vivir.


Yerro porque soy humano;

aún sueño y

soy parte del universo.


Sé que me espera un gran final,

tarde o temprano llegaré a Dios

y me uniré a él.

Entonces, ¿por qué tiemblo?


Mi camino

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Hoy es lento mi andar

después de recorrer

sin rumbo

los caminos de la vida.


Ya no quiero tropezar

con la dureza del fracaso

ni levantar las polvaredas

de la desesperación.


Recuerdo distancias

recorridas en vano,

el tiempo perdido y

la frustración —siempre presente.


El corazón

anhelante y díscolo.

La carne palpitante y

poseída de voracidad.


Y los sueños

—hijos de mi juventud—

reprochando

mi apatía.


Y mis ímpetus,

zorros insaciables

dilapidando

mis fuerzas.


¿De qué tengo miedo?

Si crucé todos los umbrales

y al parecer

conquisté mis deseos.


Todo lo recorrido

ahora es un recuerdo;

miles de senderos,

mi trofeo.


Verdes paraísos

engalanados de vida,

aderezados

con dulces aromas.


Suaves nidos

de blanco satín,

bañados de lascivia

por deliciosas hembras.


Fugaces satisfacciones

que arrullaron mi vanidad,

y —alucinándome—

robaron mi voluntad.


Quizás por eso

hoy avanzo a paso lento

al ver tan corto el camino;

pero embriagado de amor y sin miedo.


¿A dónde vas, juventud?

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Esfuerzos inútiles y vanos deseos

intentando detener

el tiempo,

o al menos demorarlo un poco…


Cuando ya la piel

se muestra marchita,

cuando las carnes flácidas

tambalean ajenas a la vanidad.


La mirada opaca,

firme y profunda.

La voz ronca

ya no quiere cantar.


Y la fortaleza…

Traidora despiadada

que solo pretende anidar

en el despertar de los cuerpos.


Ajena al llamado

de almas en el ocaso

ávidas por transitar

los caminos del placer.


Falsa compinche de la vida

que engaña

prometiendo lealtad

hasta el final.


Hoy abandona sin pudor

la vieja fachada

que habita el ser,

¡destartalada fortaleza!


Huye indiferente

buscando otros sueños,

inocentes ilusiones

que también abandonará.


¡Bah!, no eres la única, bella juventud;

tu deserción libera,

tu ausencia

desafía.


Jamás fueron tan intensas

las sensaciones,

tan claros

los pensamientos.


Nunca el alma

voló con tanta libertad.

Ya el espíritu

no está confundido…


reconoce de dónde viene,

sus deseos,

el camino

y el lugar adonde va.


El amor ha vencido

a la fuerza.

El sabor del dolor

ya no es amargo,


es dulce como la vid,

y embriaga

con valientes reflexiones

a la tristeza.


Y las mieles de la lujuria,

maduras y alborotadas,

apuran al corazón

invitándolo a amar.


Hoy me acordé de mi padre

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Qué cruel es su ausencia,

inmenso es su vacío,

pero me regocijo de su recuerdo

y de su risa que acaricia mi alma.


Su mirada alocada y ansiosa,

esos movimientos torpes y afanados,

el calor de su abrazo

y su madurez legendaria.


Anhelo sus locuras.

Temo aún a su firmeza;

por eso conservo sus principios,

no quiero que mueran.


Rara combinación de virtudes:

noble, pragmático, constructor de sueños.

Fuerza pura nacida de la sensibilidad

y del honor inamovible.


Amante insensato del placer,

lujurioso pecador.

Dueño absoluto de su identidad,

amo y señor de su pensamiento.


Comprometido con la vida,

esclavo en sus responsabilidades,

excitado explorador

y valiente caballero.


¡Su donaire y osada actitud!

despertando complejos,

retando a la batalla

y logrando admiración.


Hoy me acuerdo de vos, Benito,

sin más motivo que mi gratitud

y el invaluable amor que te prodigo,

como el que vos regaste en abundancia a tu paso por la vida.


Adiós, amado padre

Mi padre se ha ido,

no volverá jamás;

ya no querrá hacerlo

pues está junto a Dios.


Sus ojos cansados

parecían decirme

que ya estaba cumplido su tiempo,

que lo había dado todo por mí.


Su imagen inmensa

siempre estará presente

en cada latido de mi corazón

y en cada pensamiento.


No se hace necesario

estar todo el tiempo con alguien

para amarle y respetarle,

para sentir su adoración.


Siempre lo llevaré conmigo

dentro de mi pecho,

en donde mi alma

pueda acariciarle.


¡Él se fue y mi vida continúa!

Así como las hojas caen de árbol

y este sigue en pie

yo seguiré adelante, siempre amándolo.


Traicionado

Despojado del amor propio

y hundido en la amargura

me encumbro por la senda obscura

del odio.


Ciego de ira,

sin otro amigo que la muerte,

maldigo mi vida

cayendo en el abismo.


Me quema el sol con sus brazos de luz,

me ahoga el aire que respiro,

mi cuerpo se descompone y hiede,

y mi mente insana se burla de mí.


Quiero encontrarme con mi espíritu,

aquel que otrora condujera mi vida

sin cesar su acción

y jubiloso de poseerme.


¡No soy capaz de contener mi llanto!

Esta, mi alma, no tiene sosiego

ni tampoco lo desea,

solo quiere la obscuridad del averno.


Es allí —en lo más bajo del inframundo—

en donde encontraré lo que necesito,

el más cruel sufrimiento

que me haga olvidar lo que hoy siento.


Tampoco soy capaz de volver a empezar.

Si pudiese tenerla de nuevo

repudiaría sus virginales carnes

e intentaría alimentar las llamas con su cruel corazón.


La que ayer fue una imagen dulce y celestial

hoy es para mí un boceto de satanás.

Su risa me hiere mortalmente

y sus lágrimas me queman como el ácido.


No pudo ser más ingenua mi alma

al entregarse a ella,

fascinada por la ensoñación de su ternura

y su aroma de jazmines.


Hoy muero en vida por el amor,

aquel que ella no quiso darme

y que me prometió,

mágico oasis con el que soñé.


Hechicera maldita que destruyó mi vida,

reina del engaño y la traición,

dulce veneno

que ahora corre por mis venas.


Quizás ni siquiera la muerte sea el remedio.

En cada renacer sentiré más rencor

y mi espíritu querrá abandonar cada oportunidad de vida

como un loco buscando al amor.


Perfidia

Más frágil que el cristal

es ahora tu alma,

después de naufragar

en las turbias aguas

de la traición.


La gran fuerza

que sostenía tu reino,

aquel en el que tu dignidad

era soberana e indomable,

hoy ya no está.


Tus principios —fieles súbditos—

que comprometidos

sin mezquindad

representaban tu fe

y tu voluntad,


se aferran aún a tu espíritu,

sin temor a perecer

en la hecatombe moral

que pretende

hacerte ruinas.


En cambio, los falsos consejeros

que orientaron tu camino

hacia la vanidad,

la insensatez

y el miedo,


abandonan de prisa

el moribundo barco

que sumergiéndose

en los profundos abismos

parece no querer regresar.


Ahora solo tienes

una oportunidad,

rey de reyes,

traidor tembloroso,

cobarde señor.


¡Enfrenta con pudor a la verdad!

Acepta tu culpa

y asume tu castigo.

No mientas más

ni ocultes tu rostro.


¡Empieza de nuevo!

Perdónate e intenta construir

un reino puro y limpio.

Acepta en tu vida

nada más que al amor.